14.6.10

Mundialísima


Alu me puede de una forma increíble. Sólo tres cositas que me permiten asegurar que no se trata de una hija común: es la mejor hija del mundo mundial.

1) Fuimos a pasear toda una tarde y a la hora de merendar le pregunto si prefiere una leche o una chocolatada. Algo contrariada me responde: “¿cómo chocolate? Yo quiero que me traigan un té.

2) Una tarde tirados escuchando música. “Pá, ¿podés poner Lisandro?

3) -Che, Alu, ¿me podés explicar por qué sos tan hermosa?
-Ay, pá… ¡porque soy tu hija!

10.2.10

El primer diente

Estábamos tranquilamente en el departamento y Alu decidió encararle a un turrón que había traído de un cumple (de los 400 cumples que hay por mes). De repente, el grito.

-¡PAPAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAÁ!
-Hey, ¿qué pasó enana?
-Se me soltó un diente-, decía entre llantos, asustada y trepándose a mis brazos como podía.
-Tranquila, veamos.
-Me rompí la boca con el turrón, páaaaaaa!
-No, nada más se te aflojó un diente...
-¿O sea que va a venir el Ratón Pérez?
-Claro
-Pero no quiero que se lleve mi diente, lo quiero guardar de recuerdo.
-Uhm… Veremos qué podemos hacer.

Naturalmente, el diente se le salió un par de semanas después y se tomó el trabajo de escribirle el siguiente mensaje:

QUERIDO RATÓN PEREZ:
ESTE ES MI DIENTE, PERO POR FAVOR NO TE LO LLEVES.

UN BESO, ALU.

A la notita le adjuntó el dientito envuelto en un papel con dibujitos que, claro, al otro día apareció sano y salvo. La nota se la llevó el Ratón y le dejó una bolsita con monedas. ¡Alu feliz!

24.7.09

Reflexiones de cinco años


Ver cómo tu hija cumple cinco años te provoca sentimientos ambivalentes. Parece que fuera hace unos meses cuando era apenas un pequeño entramado de vida y hoy te hace las preguntas más insólitas y desopilantes.

Ya no es la pequeñita demandante, si no la pequeña compañera de aventuras, de salidas, de viajes, de cuentos, de músicas, de colores, de historias. Llena de ternura, de dulzura, de ideas alocadas, de curiosidades, de ganas de vivir y crecer.

No podés evitar sentirte un poco más viejo: mirás las fotos cuando estaba recién llegada a la vida y sos un flaco con algunas canas menos con cara de “¿qué hago con la bebita para que no llore?”.

Aluhén. Con la claridad de las noches de la luna menguante. Noches claras de luna. Claro de luna. Noche clara. Así es ella. Es esa luz en la noche que te alumbra el camino, que te hace ver por dónde vas andando, que te da fuerza en los momentos difíciles, que alumbra lo que no es claro.

¡Feliz cumple, chiquita!

5.10.08

Modelito primavera verano!









24.7.08

Y ya son CUATRO



No lo puedo creer, estás tan grande. Yo estoy más grande, vos crecés y me hacés crecer.

Ahora dormís porque durante el día te esperan regalos y una torta de cumple. Y ya casi está todo listo para celebrar lindo el domingo.


FELIZ CUMPLE, HERMOSA. NO ME CANSO DE DECIR QUE SOS LO MEJOR QUE ME PASÓ EN LA VIDA.

15.6.08

Los regalos del Día del Padre

Alu: ¿Adiviná que te voy a regalar?
Yo: Ehmmm. No sé.
Alu: Un per… (hace gestos para que yo adivine)
Yo: ¡Un perro!
Alu: No… ¡un perfume, pá! Y un lapicero que te hice en el jardín.
Yo: Gracias hermosa. Entonces tengo tres regalos: un perfume, un lapicero y vos, que sos el regalo más lindo que tengo!
(Me das un abrazo interminable)

Y así lo pasamos hoy:



Te amo, chiquita.

Esto me lo reglaron en el trabajo, junto con unos chocolates que te comiste vos. Es tan cierto lo que dice. Me gustó por su simpleza y por lo que dice. Mirá:

Enseñarás a volar,
pero no volarán tu vuelo.
Enseñarás a soñar,
pero no soñarán tu sueño.
Enseñarás a vivir,
pero no vivirán tu vida.
Sin embargo…
En cada vuelo,
en cada vida,
en cada sueño
perdurará siempre la huella
del camino enseñado.


Madre Teresa de Calcuta.

19.5.08

De tal palo…


Siempre me dijeron que suelo ser muy frontal y demasiado honesto para decir las cosas. Y que en vez de ser una virtud, me han dicho que mejor disfrace mejor las palabras y sea honesto pero sin decir animaladas escudándome en el “pero te estoy diciendo la verdad”.
En fin, esta introducción sólo para recordar dos diálogos con Alu.

Diálogo I
Escenario: Yendo de la consulta con la pediatra al departamento, a unas 7 cuadras.
Alu: Papi, no quiero caminar. Llevame a caballito.
Yo: Pero Alu, dale. Hagamos un trato, vos caminás una cuadra y yo te llevo otra cuadra y así hasta llegar a casa.
Alu: Nooooooooo. ¡No quiero caminar! (Llantos)
Yo: (Acercándome y hablándole tranquilo, pedagógicamente): Hija… Está bien que no quieras caminar, ¿pero por qué llorás?
Alu: ¡¡¡Porque estoy mañosaaaaaaaaaa!!!

Diálogo II
Escenario: Volviendo del cumple de Sofía, una amiguita, en el auto de Virginia, una compañera de trabajo que llevaba a su hijo, Santino.
Alu y Santi están en la parte de atrás con todos los caramelos haciendo ruidos y casi en el piso del auto.
Yo: Che… ¿qué pasa ahí atrás? ¿Qué están haciendo?
Alu: Y, papá, ¡puras cagadas!.

La amo, pero deberé contarle que el mundo no está preparado para tanta verdad =D.

23.3.08

El tercer viaje: Bariloche


Fin de semana largo por Semana Santa. Nuestro cole para llegar a Bariloche, destino final luego de varias vueltas, salió dos horas más tarde. Por consiguiente, llegamos a casi 3 horas más tarde de lo previsto.

El hotel quedaba en una calle a la cual bien podría habérsele construido una telesilla... En la espalda la mochila, colgado de un hombro el bolso y colgada de un brazo, vos, chiquita inquieta.

Dejamos las cosas, nos familiarizamos apenas lo necesario con el hospedaje y bajamos raudos a realizar un pequeño paseo antes de que la tardecita nos impidiera disfrutar de los paisajes.

Un cole por el que pagamos 2 chauchas, nos llevó hasta el Cerro Campanario, que apenas supera los 1.000 metros de altura, pero que está en un sector clave de Bariloche: de allí teníamos una excelente vista de la cordillera de los Andes, de los lagos Nahuel Huapi, Moreno Este, Moreno Oeste, laguna el trébol, las islas Huemul y Victoria, y la península de San Pedro, entre otras maravillas de esta singular naturaleza.

Yo tenía un poco de miedo de que vos le tuvieras miedo a la telesilla, pero me quedé asombrado de cómo enseguida comenzaste a disfrutar el paseo. Llegamos a la cumbre y rápidamente fuimos a todos los puntos en los que podíamos ver el paisaje.







Luego de un heladito y de ver al enorme Nahuel Huapi, me pediste ir a “poner las patitas en el agua”. Pues así lo hicimos. Bajamos, hicimos dedo y nos dejaron en el acceso a Playa Bonita. Te querías bañar, pero no hacía tanto calor. Aunque los 23 grados que delataba el 21 de marzo –día de comienzo del otoño en estas latitudes-, fueron realmente un regalo de Dios en lo que el mundo católico celebra como la Semana Santa.



Unas horas más tarde, con poco sol y con una luna gigantesca apareciendo en el este, nos fuimos a comer y minutos después, luego de ver Open Season, a dormir.

Amanecimos a las 8. Yo quería que vos durmieras un poco más, pero estabas re entusiasmada por salir a pasear. Todavía no teníamos planes fijos. Lo primero que teníamos que hacer era dejar el hotel, porque salíamos ése mismo día por la noche. Acomodamos todo, nos pegamos una ducha, y salimos con rumbo incierto.

Descubrimos que mejor que pagar la custodia por hora en la terminal es usar los lockers de un supermercado al cual fuimos por golosinas variadas para el paseo.

Coincidimos en dejar el azar el destino. Nuestras opciones eran Villa Los Coihues en el lago Gutiérrez, o el Cerro Catedral. Pasó el que iba al lago y para ya enrumbamos. En el viaje de 15 kilómetros te dormiste. Cuando despertaste ya estábamos en una casa de comidas esperando pollo con “purecito”, como te gusta a vos.

Comimos y nos fuimos a tirar piedras al lago. Vos más que yo, que te miraba concentradísima eligiendo qué rocas tirar.




Pero el lugar no era lo que esperábamos. No había mucho más para hacer y la playa era demasiado rocosa. Te propuse ir al cerro y dijiste que sí enseguida. Caminamos hasta el cruce con la ruta y justo pasó el cole que nos dejó en el cruce que va a Villa Catedral. De ahí hicimos dedos y en unos minutos estuvimos en la base del Cerro Catedral.

Fuimos a averiguar el precio de los ascensos y eran un chiste: pagaba sólo yo y tenía un descuento del 30 por ciento por ser residente de la Patagonia. En total 28 pesos por ascender en dos sillas hasta la cumbre del cerro.

Intuí que como ya tenías experiencia no ibas a tener miedo de las aerosillas. Y así fue. Ibas de lo más contenta e incluso te aburrió que no fueran más rápido. Creo que yo tenía más reparos, especialmente cuando la silla pasaba colgando por sobre una especie de acantilados. Vos feliz.




Al llegar a la cumbre, ya no estaba tan cálido. Nos pusimos todo el abrigo posible y nos sentamos con el sol en la cara y mirando al monte Tronador a comer unos riquísimos alfajores de maicena.

No mienten los que dicen que es el techo de la Patagonia. La vista desde ahí arriba es increíble. Aunque a vos te llamó más la atención la cantidad de rocas y la gran bandera argentina que flameaba, soberbia, en uno de los filos.








El cielo estaba despejadísimo, aunque por el frío decidimos que era mejor bajar. Sacamos muchas fotitos y fuimos al área de descenso. Volver se nos hizo mucho más corto.

Ya en la base nos tiramos a comer sanguchitos de queso en un gran parque que en invierno es utilizado como pista para aprender a esquiar. Usaste los quesos para fabricarte unos anteojos. Creo que por la belleza de todo lo que habíamos visto no me salió retarte. Además, el sol nos daba calorcito ahí tirados.




Encontramos unas hamacas y de ahí no te podía sacar. Sólo pude cuando apareció el cole que por pocas monedas nos llevó hasta el centro de la ciudad. Nos encontramos con Lore, mi amiga barilochense que cuando no está tapada de trabajo suele ser nuestra guía. Ella nos propuso ir a dejarnos más tarde a la terminal.

Como faltaba un rato, nos fuimos a dar vueltas por las superpobladas calles céntricas. Compramos una bufandita y de ahí a la chocolatería, donde hiciste amigos en el sector de juegos.



Ya se hizo tarde. Lore nos llevó a buscar el equipaje escondido en los lockers y luego a la terminal. Vos, cansadísima, te dormiste apenas subiste al auto. Y así estuviste, dormida en mis brazos hasta que subimos al cole.

Ahora viajamos y te veo dormir me emociono por tener una compañera de viaje de primera. Tenemos que descansar porque mañana nos espera algo no menos importante: El festejo por el primer año de Luquitas.


Te amo, chiquita.


PD: El primer viaje fue los primeros días de enero a Luis Beltrán y al campo de Chelforó, en Río Negro. El segundo fue un par de semanas después a Huechulafquen y a Quila Quina, en la cordillera neuquina. De esos viajes no escribí porque estaba vago.

15.2.08

Vacaciones con gusto a lago y montaña!

Aprovechando días hermosos en estos pagos neuquinos, decidimos irnos un finde semana a tomar aire fresco por lugares llenos de lagos y montañas.

En el hotel
En el hotel, en Junín de los Andes.

Barquito!
Navegando el lago Epulafquen, en la vía entre los volcanes Lanín y Achen Niyeu

Huechulafquen
En la playa de Puerto Canoa, al oeste del lago Huechulafquen.

Barco y abrazo
Rumbo a Quila Quina. ¡Qué abrazo!

Playa de Quila Quina
Patitas en el agua.

15.1.08

Asociaciones

Estábamos en casa hablando de trivialidades con Alu y en un momento me dice: “papá, vos sos un boludo”. Entonces sigue así:

-¿Por qué hablás así? Es muy feo, no me gusta que hables de esa forma. Si hablás así no te voy a querer más.

-Perdón, papi, fue sin querer…

Unos días más tarde estábamos en el cole rumbo al campo de un amigo y compartíamos la misma butaca de un coche cama. Alu se puso incordiosa porque se quería sentar en el piso. Le digo: “Alu, sentate conmigo, dale, no seas mañosa”. Entonces sigue así:

-No quiero, papá, no me quiero sentar ahí. Vos sos malo.

-Hija... ¿Por qué me decís malo? Si hablás así no te voy a querer más.

Me mira, sorprendida, y me dice: “Pero papi... ¡si yo no te dije boludo!”

30.12.07

La niñera.



Domingo, 12 horas. Alu tenía su carterita con mi billetera, sus pinturas, un peine y 10 pesos (que sacó de la billetera) en la mano. Se produce este diálogo:

-Pá, ¿me abrís la puerta?
-¿Para qué?
-Para salir…
-¿Dónde vas, hija?
-A tomarme un taxi.
-¿Y dónde vas con el taxi?
-Y, ¡a trabajar!
-Pero si vos no trabajás…
-Sí trabajo, papi.
-¿Sí? ¿Qué hacés?
-Cuido bebés. ¿Me abrís la puerta?

27.12.07

El calefactor de Navidad

Confieso que la Navidad nunca me inspiró demasiado. Eso de adornar la casa como si estuviéramos en plena Liberia, con todas tradiciones importadas jamás me llamó la atención.

Pero Alu estaba entusiasmadísima con el asunto del arbolito. Todo el tiempo inquirió “Pá, y el arbolito?”. Y yo trataba de explicarle mis razones, pero los colores y las luces para una niña de tres años y medio eran razones más fuertes.

Finalmente, el 24 por la mañana me atacó el espíritu navideño y puse en marcha el plan Consiguiendo un Arbolito. Los comercios fueron esquivos. Un poco desesperado tomé una pinza y salí a la plaza a buscar una rama más o menos elegante para decorarla símil arbolito.

Estaba a punto de perpetrar el hecho cuando un policía apareció en la escena y tuve que abortar la operación.

Volví con las manos vacías. Traté de decorar la guitarra, pero quedó horrible. Finalmente usé las guirnaldas que habían sobrado del cumple de Alu sobre un calefactor y acomodé su regalo -una bici de princesa-, y los de Luque, Tiago, Flor y Agus, sus primitos.



Cuando lo vio me dijo: “¿Qué es esto, papi?”. Contesté que un calefactor de Navidad. “¡No! ¡Estas son cosas de cumple, papá!”. No pude dar demasiadas explicaciones. Pero luego salimos en la bici y creo que perdonó mi grinchismo.

Y más tarde fuimos a pasear el río, donde me regaló una de sus frecuentes sonrisas.




LA AMO.

27.11.07

Diálogos y máximas



Diálogo I:
Alu: Papá, me voy a ser una princesa.
Yo: Bueno, hija, dale. Yo mientras tomo mate acá afuera.
(al rato)
Alu: Pá, no me llamo la princesa, me llamo el payaso (¡foto! El enano de atrás es Tiaguito, el primo)


Diálogo II
Yo: Hija, me dijeron que tenés novio. ¿es cierto?
Alu: Sí.
Yo: ¿Cómo se llama?
Alu: Joaquín Beboyedo (?)
Yo: ¿Y qué hacen?
Alu (extrañada): Y... ¡cagadas!
Yo: ...


Máxima I
*Papá yo no me llamo hija, me llamo Aluhén Padalupe.

Máxima II
*Papá, me voy a la peluquía porque tengo el pelo re feo.

Máxima III
*Papi, ¡me duelen los oídos! (mientras yo intentaba cantar una canción con la guitarra...)

15.11.07

Reflexiva

30.10.07

Ojitos

alu

15.9.07

Las cosas que vivimos

Alu, ahora dormís y me puse a pensar cuántas cosas son las que compartimos. Se me llena de alegría el alma y le doy gracias a Dios por todas las que pasamos.


Esas explicaciones que me das vos de lo más insólitas, con total convencimiento sobre tus posturas y que logran arrancarme sonrisas.


Nuestras charlas largas en la que a menudo nos vamos por las ramas y terminamos hablando de cualquier cosa.


Los momentos para ponernos serios.


Cantarte una canción en voz bajita, o reconfortarte con alguna palabra cuando nos enojamos.



Hacer fiaca laaaargas horas tirados en cualquier lado.



Sentirte que sos una compañera de lujo y que las cosas las pasamos juntos, hombro con hombrito.


Pero tu sonrisa es algo que siempre puede más que todo.

¡Te amo, chiquita!

9.9.07

# 101


Luego de un altercado entre mamá Vane y Alu, incluidos berrinches porque no quería ni peinarse ni ponerse ropa limpia, salimos solos con la pequeña a dar una vuelta al centro. Íbamos cantando, cuando de pronto para y lanza:

-Papi, ¡me voy a comprar un teléfono!
-¿Un teléfono? ¿Para qué te vas a comprar un teléfono?
-Para llamar a la policía.
-¿Y para que vas a llamar a la policía?
-Para decirles que mi mamá me reta y que hoy se portó re feo.
-...

21.8.07

El Pollito Lito

El Pollito Lito, en su cascarón, duerme tranquilito sobre su colchón.

1.8.07

¡Cumple Alu!

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24.7.07

Tres años

ALUHEN GUADALUPENeuquén, 24 de julio de 2007

Alu:

Todavía me acuerdo de esas primeras horas en la clínica. Tu mamita estaba cansadísima después del parto. La enfermera te llevó al otro lado de la sala, te hicieron los estudios de rutina y me dejaron pasar a verte. Y ahí estabas, con los ojos bien abiertos, moviendo las manos y los pies.

Hasta último momento no sabíamos si eras una nena o un varón. Pero ya tenías nombre. Eras Aluhén, la “claridad en la noche”. Nos mirábamos. Eras muy chiquita, te veías tan frágil, pero nos trajiste fuerzas a todos.

Todos los miedos se disiparon al ver tus ojos, al verte sanita y fuerte, lista para caminar la vida.

Ya pasaron tres años de ése día en el que en pleno invierno llegaste trayendo sol y calor. No hay nada que valga más que tus risas, tus canciones con esa voz afinadísima que heredaste de mamá, tus besos y tus abrazos sinceros, tus berrinches y nuestras charlas.

Feliz cumple, hijita. Te amo y no me canso de decir que sos lo más hermoso que pisó estas tierras.



Papá.


Inspirado en las cartas a Lucía, de Vero.